“En Cantabria se está pescando más que nunca”
Hijo y nieto de pescadores, habla con pasión de una profesión a la que ha consagrado su vida, antes en la mar y ahora en tierra. Desde sus múltiples responsabilidades, lamenta que los jóvenes no quieran ser marineros, pese a que los salarios medios no sean nada desdeñables; aventura que este año habrá una buena costera del bonito, la pesca más bonita, según subraya; y apunta a la falta de relevo generacional como el mayor problema al que se enfrenta el sector.
Pregunta.– Hábleme del mar, marinero.
Respuesta.– La mar es un gran desconocido para la inmensa mayoría, aun siendo de Santander o Cantabria, y la tenemos más miedo de lo que realmente da. Los marineros siempre decimos que a la mar hay que tenerla mucho respeto, y cuando te dicen que va a venir temporal, viene. Las imprudencias provocan muchos accidentes. Nosotros nos hemos encontrado personas a 40 millas pescando bonitos en zodiac. Hay que ser conscientes de que estás en un medio que no es el tuyo. Es lo que tiene la mar. Pero hay que animar a los jóvenes a que la conozcan y que vean en el trabajo en la mar una vía de salida laboral. Mis marineros, en estos tres meses de la campaña de bocarte, se han sacado en bruto 15.000 euros cada uno. Creo que este año va a ser una buena costera del bonito porque hay muchos por muchas zonas del Cantábrico. El agua está muy caliente. Donde se está pescando la temperatura del agua es de 22 grados. Sin embargo, en la bahía está a veinte. Por eso creo que se ha adelantado la costera.
P.– Armador, pescador, durante años patrón de un barco de pesca, presidente de la Cofradía de Pescadores de Colindres… ¿Qué más le queda por ser?
R.– Soy un soñador que ahora ha montado una empresa de turismo marinero, que se llama ‘Turismo Marinero Cantabria’ que ofrece excursiones, experiencias y degustaciones a bordo de un barquito de madera de 1954, de diez metros de eslora, de nombre ‘El Buciero’. Prefiero arrepentirme de algo que he hecho y que luego no funciona que de algo que quería hacer y no hecho. Sigo vinculado con la mar, pero enseñándola a quien quiera conocerla.
P.– Alrededor del 65% de los marineros activos en España ronda la edad de jubilación. ¿Hay trabajo, pero no tripulantes?
R.– Hay mucho trabajo y muy pocos trabajadores nacionales. Colindres tiene diez barcos con entre 14 y 17 tripulantes, de los que prácticamente la mitad son senegaleses. Son marinos que ya tienen aquí a sus familias y muchas de sus mujeres trabajan en las fábricas. En Galicia, por ejemplo, son sobre todo indonesios. Allí van a sueldo, pero aquí mantenemos la costumbre de que el beneficio se reparte a la parte (de los ingresos, se restan los gastos generales y la Seguridad Social, y de lo que queda, la mitad es para el armador y la otra mitad se reparte entre la tripulación a partes iguales, según su rango).
P.– Los jóvenes ya no quieren ser pescadores. ¿Verdad mentira?
R.– Los jóvenes no quieren ser nada. Quieren ser ‘YouTubers’. Es tremendo. En la escuela náutica de Laredo, en la ceremonia de entrega de diplomas de un curso, la mitad de los 70 alumnos lo han terminado sabiendo que no iban a embarcar, no porque no haya trabajo, sino porque no quieren.
P.– Quienes se dedican a su oficio sostienen que sus mayores preocupaciones son la reducción de las capturas, los salarios bajos y la falta de seguridad. ¿Es también su caso o en Cantabria tienen otras?
R.– No, no lo comparto. El año pasado, el salario medio de un marinero fue de unos 30.000 euros. La seguridad cada día es mayor y nadie arriesga estar en la mar con temporales. Los barcos ya llevan además muchas comodidades: internet, aire acondicionado, canal plus… Y sobre las capturas, ahora se está pescando más que nunca en Cantabria. En bocarte, nos hemos quedado cortos. Hemos empezado el 10 de marzo y en tres meses los treinta barcos de Cantabria que salimos hemos pescado 6,480 millones de kilos. Hemos dejado 1,2 millones de la cuota para los barcos que no salen a bonito. Si no nos hubiéramos regulado, ya las hubiéramos pescado. El mayor problema está en las artes menores, con los barcos pequeños familiares y, sobre todo, con el relevo generacional. Por kilos, no. Para la campaña del bonito tenemos 26 millones de kilos (A bonito con cerco –cebo vivo– van 37 barcos de Cantabria y el País Vasco; y luego están los de cacea, barcos muy pequeños, que serán otros 300 de todo el Cantábrico).
P.– Azul turquesa o azul oscuro casi negro. ¿Cómo ve el futuro del mar?
R.– Como decía antes, para artes menores –los barcos pequeños que van a lenguado, rape, verdel a anzuelo…– lo veo azul oscuro, muy oscuro. Si les falla esta campaña, no van a poder subsistir mucho más. Sin embargo, los barcos de cerco y del bonito con gente joven a los mandos, muchos de ellos hijos de armadores, si hay una buena regulación con las cuotas actuales, pueden tener un largo futuro.
P.– La cofradía que usted preside, fundada en agosto de 2018, persigue representar al bonito del norte, sus artes de pesca y sus diferentes modalidades culinarias más allá de las fronteras de Cantabria. ¿Objetivo cumplido o aún queda mucho por hacer?
R.– Creo que lo cumplimos muy bien. Ahora estamos intentando traspasar las fronteras de España. Las de aquí las tenemos prácticamente conquistadas. Vamos a ir más allá de España a darnos a conocer en Europa a través de diferentes acciones divulgativas. No muchas cofradías tienen un libro –‘La mar de recetas y un bonito en la mochila’– como nosotros; ni un documental; ni muchas van a los colegios a enseñar lo que hacen. Somos jóvenes.
P.– La Federación de Cofradías de España (Fecoes) le otorgó el pasado año el título de Mejor Cofradía Gastronómica de España. Suena bonito.
R.– Suena bonito, sí. También nos han otorgado el Plato de Oro en 2023, galardón concedido por Radio Turismo Madrid por primera vez a una cofradía gastronómica. Todo va un poco ligado a estas labores de divulgación.

“Nuestra cofradía se distingue del resto en que tenemos muchos niños. Además, no llevamos la típica capa. Tenemos el chubasquero amarillo y vamos marineros, marineros”
P.– ¿Qué tiene esta cofradía que no tengan otras?
R.– Muchos niños, más de diez. Empezando por ahí. Y siempre la defendemos más como un núcleo familiar, aunque tengamos nuestras guerras. Hay muchas familias que están tres generaciones: el abuelo, hijo y nieto. Y nos tomamos la actividad como unas vacaciones. Cuando salimos, intentamos ir a capítulos que se celebren en fin de semana para disfrutar no solo de la gastronomía del lugar sino también de su oferta cultural. Por otro lado, tenemos un vestuario digamos más fresco. No llevamos la típica capa. Tenemos el chubasquero amarillo y vamos marineros, marineros. En invierno tenemos además el típico chaquetón azul. Somos un poco más jóvenes y se nos oye y se no ve.
P.– Dicen que el bonito del norte es el príncipe del mar. ¿Y cuál es su reino?
R.– Reina en el Cantábrico. Dicen que el rey es el pez rey. Aquí el atún rojo también abunda, pero no lo pescamos porque tenemos muy poca cuota y se la vendemos directamente a las almadrabas de Cádiz. Además, por su tamaño, su pesca es más peligrosa. Pero con las temperaturas que está cogiendo el Mediterráneo, los atunes van a dejar de ir a desovar allí y se van a quedar en el Cantábrico. Ya le están dando vueltas al tema en el País Vasco.
P.– ¿Un verano en Santander sin bonito es como un jardín sin flores?
R.– Sí, sí. En toda Cantabria. Esta noche tenemos fiesta porque entran en puerto tres barcos y desembarcaremos 140 toneladas. La verdad es que es un espectáculo.

“Cuando los bonitos están, tienes que ser capaz de sacar cuatro peces al minuto. Y se sacan, pero tienes que estar ágil. Hay días que con cinco o seis cañas pescas 5.000 bonitos”
P.– Con lo del nombre, ¿no nos hemos pasado un poco o cree de verdad que hace justicia a su físico?
R.– No he investigado por qué le pusieron ese nombre, pero si hay un arte de pesca bonita, esa sin duda es la del bonito. A cualquier marinero le preguntas qué prefiere, si pescar cerco o bonito, nadie que haya probado echar la caña y luchar contra el bonito te va a decir que no le ha gustado. Es la pesca artesanal más bonita que existe. Para ser un buen ‘cañero’ tienes que tener mucho orgullo propio para querer pescar el que más y ser competitivo. Cuando los bonitos están, tienes que ser capaz de sacar cuatro bonitos al minuto. Y se sacan, pero tienes que estar ágil. Hay días que con cinco o seis cañas pescas 5.000 bonitos. Como quieran comer… Es adrenalina pura.
P.– Un pez cosmopolita y viajero empedernido que cada año llega un poco más pronto a nuestras costas. ¿Por qué esas ganas de venir?
R.– Por dos motivos. Porque el bocarte que tenemos en el Cantábrico no lo hay igual, y los bonitos vienen a eso, a comer. Y creemos que también por la subida de las temperaturas del mar, aunque de la mar quien más habla, más miente.
P.– Atunes hay muchos y de buena calidad, pero ninguno, salvo su primo el rojo, como el del Norte. ¿Ya estamos otra vez exagerando?
R.– Es que son texturas diferentes. Aunque el corte es muy parecido al del atún, hay que saberlo cocinar, porque si no se queda más seco que la mojama. Está delicioso, pero cuando está en su punto.
P.– Afirma que su captura se lleva a cabo con artes de pesca tradicional, generalmente con caña y anzuelo con cebo natural, aunque algunos pescadores también optan por la cacea, pero nunca con métodos de arrastre que sí se utilizan en otros países. ¿Por tradición o por criterios de sostenibilidad?
R.– Sí, por sostenibilidad y por la legislación. En España no está permitido pescar bonito ni con cerco ni con arrastre. Entonces no nos queda más que la pesca artesanal. Pero es verdad que por nuestro bien y para que los bonitos vuelvan al año siguiente es mejor y más sostenible. El gran problema es que en el Cantábrico tenemos faenando a barcos irlandeses, ingleses y franceses que sí lo hacen con redes de arrastre o de pelágica, que llegan a través de congeladores. Si no, este mar sería un maná.
P.– Este pescado azul de alto valor nutritivo acepta multitud de recetas y elaboraciones. Dígame su preferida.
R.– El pollo marino, el tartar y también diría que una marmita bien hecha.
Un poco más
- Desayuno, comida o cena
- Comida.
- Un aperitivo
- Una Gilda bien elaborada.
- De cuchara
- Marmita de bonito.
- De tenedor
- Un pescado. No sé, un rodaballo.
- Un postre
- No soy muy de postres. Pero un valenciano.
- Un lugar para comer
- El Ronquillo, que me siento como en casa.