Jesús Ruiz Mantilla · Periodista y escritor

Un genio es el que inventó el gazpacho o la tortilla de patatas”

Va y viene de Madrid a Santander pasando por Santoña con la sonrisa puesta y con estampa de bonachón. Embajador de la anchoa y del queso, explica que practica el ayuno intermitente desde hace más de un año, que cocina casi a diario y que hace una “mítica” tortilla de patatas. Confiesa, además, no ser muy de dulce, más de pescado que de carne y mucho de cuchara. Y para expresar qué vinos prefiere hace suya una frase que una vez le dijo Joan Manuel Serrat: “el blanco para los peces y el tinto para las personas”.

Pregunta.– Periodista, escritor, cronista musical… ¿Importa el orden?

Respuesta.– Periodista y escritor, valga la redundancia porque es lo mismo. El periodismo es literatura. Yo lo afronto como un género literario. En mis perfiles de redes sociales siempre digo periodista y escritor, valga la redundancia.

P.– Ha escrito novela, poesía, ensayo… ¿No se ha planteado nunca vivir del cuento?

R.– [Risas]. Vivo del cuento todo el día. Es a lo que me dedico y lo que más me gusta. No hago otra cosa que contar cuentos, contármelos a mí y tratar de que el cuento no me lo desmonte nadie.

P.– Defiende que la entrevista es “el género más puro” porque surge de la conversación. ¿De qué le gustaría hablar?

R.– De comida [se ríe], que es de lo que más me gusta hablar siempre. Antes y después de comer y mientras estoy comiendo. Se come con la boca, pero también se come con la mente, con el recuerdo y con cierta proyección de futuro.

P.– Sostiene que las mentiras viajan a la velocidad de la luz mientras la verdad avanza con mucha más lentitud. ¿Los bulos se han convertido irremediablemente en nuestro pan de cada día o aún estamos a tiempo de salvarnos?

R.– Siempre ha habido mentiras. El problema es que ahora están en nuestros móviles permanentemente y expandidos gracias a los algoritmos y las redes sociales. Esa es la gran diferencia con relación a principios de este siglo. Y parece que no nos vamos a salvar, por lo menos en los próximos años, porque los artífices de las mentiras son los que están llegando al poder. En lo que confío mucho es en que su egocentrismo termine acabando con ellos y se les descubran por fin todas las costuras. Confío en lo peor del ser humano para que se destruyan. Eso es ego puro que va inevitablemente unido a la estupidez y, por tanto, al desastre.

P.– También afirma que los periodistas han perdido independencia y que los poderes políticos y económicos les han vampirizado. ¿Pintan bastos para la profesión?

R.– Sí, bueno. Los dueños de los grandes medios de comunicación de referencia, de las grandes cabeceras, han vendido su alma al diablo y ahora es difícil que éste nos deje salir del infierno en el que nos hemos metido. Pero siempre habrá alguien que quiere contar una historia y no necesitará dinero, ni medios ni empresarios para hacerlo. Siempre habrá alguien libre para contar una historia y convencer a la gente de que merece ser contada y que tiene visos de verdad y honestidad.

P.– El ejercicio del periodismo da muchas ganas de beber. ¿Verdad o mentira?

R.– Verdad. Agua [más risas]. Da mucha sed y hambre. Es la clave. Metafóricamente, el hambre y la sed son reales, porque son de curiosidad.

“El mayor placer es comerse una naranja en temporada. Me parece tan cercano, tan normal y tan asequible que no le damos el valor que tiene, que es de un exotismo y una sensualidad extraordinaria. Todos los días, naranja”

P.– Es partidario de practicar el hedonismo cotidiano. Dígame un placer irrenunciable.

R.– Comerme una naranja. Si la naranja tuviera para nosotros el punto que tienen las frutas exóticas, le daríamos mucho más valor del que realmente le damos. Para mí, el mayor placer es comerse una naranja en temporada. Me parece tan cercano, tan normal y tan asequible que no le damos el valor que tiene, que es de un exotismo y una sensualidad extraordinaria. Todos los días, naranja.

P.– Con Gordo, un texto salpicado de elementos autobiográficos, consiguió el Premio Sent Soví 2005 de literatura gastronómica. ¿Existe la obesidad saludable?

R.– No, físicamente no. Pero hay un aspecto mental amante del exceso, del placer, de la libertad, de la ausencia de límites con responsabilidad que es muy saludable. Los epicúreos en Grecia defendían el placer desde una perspectiva de compartir socialmente la vida. El placer tiene una elemento social muy importante, pero en el tema de la obesidad no podemos ir contra la ciencia. Cuando escribí ese libro era un alegato de rebeldía contra el canon estético. Yo he cultivado la diferencia, no la enfermedad. El derecho a expresar la diferencia y no sentirse cohibido y señalado o apartado.

P.– Ya puestos, a usted, ¿quién le cae gordo de verdad?

R.– [Más risas]. Me pone en un compromiso. Muy poca gente me cae gorda. Tiendo a tener curiosidad por todo el mundo, pero si tengo que elegir ahora diría, por este orden, Putin, Elon Musk y Donald Trump. Eso por irnos fuera de casa. Pero no puedo con todos los que son como ellos. Pero bueno, sí creo que Putin es el mal y contra él y todos sus empleados hay que luchar.

P.– Por su cincuenta cumpleaños sus hijas le regalaron un cuaderno en blanco que usted les devolvió con poemas y un diario. Ahora que celebrará en unos meses los 60, ¿le espera algún otro regalo envenenado?

R.– Seguramente estarán pensando alguna acción maquiavélica. No hay duda, pero no les voy a dar ideas. Que me inviten a comer o cenar y se dejen de historias.

P.– Afirma que nunca regalaría las memorias de un político vivo porque todas son insufribles, pomposas y vacuas. ¿Si quisiéramos saber la verdad de las cosas pasadas deberíamos recelar de este tipo de libros?

R.– Sí, pero el género de memorias, si son buenas, me parecen extraordinarias. Por ejemplo, aunque no era un político, las de Jesús Pardo, que tenían que ver con Santander, son increíbles. Son útiles para conocer la versión del autor y algo tienen de verdad. Lo que ocurre es que la escritura es tan transparente que, por la manera en que te lo cuentan, es mentira. No te puedes fiar. Pero dentro de eso hay que saber ver lo que hay de verdad. Quieren quedar bien y justificarse ante la historia. Los políticos que escriben memorias son complicados. No así los artistas, que suelen ser en ocasiones excesivamente crueles consigo mismos. Las memorias son un ejercicio muy freudiano. Es todo un experimento. Yo habitualmente escribo desde la memoria, que es una de mis grandes materias literarias, y tengo además un título para las mías, si es que algún día la escribo: ‘memorias de antes y de después’.

Jesús Ruiz Mantilla · Escritor Y Periodista

“Si lees un libro y te quedas con ganas, eso es una obra maestra. Pero creo, y lo digo desde el oficio del periodismo, que a todos los escritores nos sobran páginas”

P.– El editor y periodista David Remartínez asegura que a todos los libros les sobran 75 páginas. ¿También a los suyos?

R.– Siempre sobran. Si lees un libro y te quedas con ganas, eso es una obra maestra. Pero creo, y lo digo desde el oficio del periodismo, que a todos nos sobran páginas.

P.– El también periodista y escritor Ignacio Peyró mantenía no hacen mucho en estas mismas páginas que los pobres entienden mejor la cocina que los ricos. ¿Lo comparte?

R.– Creo que sí. Desde luego, la gran cocina y la gran imaginación de la cocina siempre ha surgido desde el hambre. El que es un genio es el que inventó el gazpacho o la tortilla de patatas, que no sabemos quién es, pero seguro que había una cercanía al hambre. Son genialidades que vienen de la necesidad. La gran cocina viene del hambre.

P.– El presidente de Mercadona, Juan Roig, augura la desaparición de la comida casera en favor de los platos preparados en 2050. ¿Deberíamos revindicar más la cocina como actividad y como espacio de poder?

R.– Totalmente. Pero es que últimamente lo hacen tan bien que es jodido. Ya no sé si comprar algo cocinado y llevarlo a casas o hacerlo yo. Tengo ese conflicto casi a diario. Y me hace sufrir. Pero hay que reivindicar la cocina en casa, aunque la vida que llevamos no nos lo ponga nada fácil. Tengo que reconocer que, cuando como en casa, muchas veces me sirvo comida preparada [risas]. Y eso que me gusta cocinar, especialmente en las cenas, porque tiene mucho de compartir.

P.– El escritor francés André Gide, ganador del Premio Nobel de Literatura en 1947, reflexiona que, ante ciertos libros, uno se pregunta: ¿quién los leerá? Y ante ciertas personas uno se pregunta: ¿Qué leerán? A usted, ¿qué le provoca más desasosiego, lo primero o lo segundo?

R.– Los dos. Como escritor quizá me provoque más desasosiego quién los leerá, pero como ciudadano, seguramente lo otro.

Jesús Ruiz Mantilla · Escritor Y Periodista

“Lo más importante para luchar contra los bulos o los efectos nocivos de las redes sociales es la educación”

P.– Hay quien sostiene que las redes sociales nos conectan y los libros nos desconectan. ¿Internet ha matado la lectura?

R.– Creo que la ha fomentado. No soy nada apocalíptico. Conozco el lado oscuro de internet y de las redes sociales, pero es que también está en la calle. Todo es luz y sombra. Lo que hay que tener es sentido común y, sobre todo, armas para saber distinguir. Por eso, lo más importante cuando en las acciones de gobierno se plantean las luchas contra los bulos o los efectos nocivos de las redes, el primer capítulo y donde más dinero hay que invertir es en la educación. Hay que fomentar el sentido crítico desde niño para saber discernir. Mientras no se invierta en educación para resolver este problema, vamos a estar perdidos siempre.

P.– La amenaza de la inteligencia artificial se cierne sobre los autores. ¿O no?

R.– Es que no sé mucho sobre inteligencia artificial. Sé que es una herramienta pero insisto en que a mí no me dan miedo estas cosas. Estamos muy apabullados por el momento, por la aparición de algo nuevo y creemos que se va a acabar el mundo, algo que, por otra parte, han pensado todas las generaciones de la historia. ¿Por qué? Por egocéntricos. La IA la veo con mucho interés como una lucha de poder entre las potencias mundiales, pero en el fondo no deja de ser una tecnología más o menos desarrollada. Soy mucho más analógico que digital. Lo justo para que me ayude a resolver la vida. Y creo que es la inteligencia artificial la que necesita nuestra creatividad. Soy optimista con el ser humano en su lucha entre el bien y el mal.

P.– En ‘Franco y yo’ su última novela recién publicada, dice que Franco es Franco, pero que ese yo es una historia colectiva de caída en el abismo y conquista de la libertad y la democracia. ¿Es un anuncio para navegantes porque ve la democracia en riesgo?

R.– Sí, totalmente. He querido contar la desgracia que fue el franquismo y el gozo que fue la conquista de la libertad y lo tontos que seríamos si llegáramos a perderla para volver a la senda del fascismo y autoritarismo contemporáneo, que existe. Cuando escribo, siempre me pregunto qué y cómo debo escribir. La primera es una cuestión ética y la segunda es una pregunta estética. Quiero que lo que escriba sea útil para el tiempo en que vivimos. No estamos para escribir tonterías.

P.– García Lorca dejó dicho en 1931 que en tiempos de necesidad pediría “medio pan y un libro”. En los tiempos que corren, ¿qué pediría usted?

R.– Prácticamente lo mismo. Ese mensaje sigue siendo muy válido. En el fondo, las dos cosas son alimento: físico y espiritual. ¡Federico, que me pongas otra ración de lo mismo!

Un poco más

  • ­Desayuno, comida o cena
  • Cena
  • Un aperitivo
  • Rabas
  • De cuchara
  • Lentejas o caricos.
  • De tenedor
  • Merluza rebozada o salmonetes fritos
  • Un postre
  • Tarta de hojaldre
  • Un lugar para comer
  • Mi terraza en Berria, frente al mar.